En el 2019, Taylor Swift lanzó su álbum “Lover” que incluía
la canción “Cornelia Street” la cual trata del miedo y la ansiedad por la
posibilidad de perder a alguien que significa demasiado para nosotros. Alguien
cuya presencia nos llena tanto que sabemos que si se fuera sentiríamos solo
vacío en los lugares donde existieron risas y buenos momentos y lo doloroso que
sería volver para enfrentar las ausencias. Tan doloroso que preferiríamos no
volver a caminar por esos lugares para ahorrarnos ese dolor.
En el 2020 por cosas del destino reconecté con la persona en
la que siempre pensaba al escuchar esa canción. Ninguna de las personas que
sabían lo que había causado que nos distanciáramos en un inicio, estaban de acuerdo,
pero nadie trató de hacerme entrar en razón, creo que sabían que era una
batalla perdida porque yo le hubiera defendido frente a quien fuera. “No le
conocen como yo.” Pensaba. Pero en retrospectiva, la versión que yo defendía
jamás existió.
Por eso nunca me atreveré a decir que he sido una victima
suya, he sido victima de mis propias decisiones o, mejor dicho: mis propias
ilusiones.
Al reconectar nos acercamos más que antes, hablábamos todo
el día desde que salía el sol hasta antes de dormir, de Harry Potter, de mi
obsesión con Taylor Swift, de los mejores chilaquiles de la ciudad, de mis
corazones rotos, de adivinar lo que habíamos comido y un infinito etcétera. Constantemente
nos asumían como pareja y yo me moría de la risa, porque pensaba “Las parejas
terminan, esto es para siempre.”
En uno de esos muchos días de hablar de todo y nada le conté
que me había comprado una sudadera con un diseño de una canción de Taylor
Swift. Un diseño tan específico que tendrías que ser fan de Taylor Swift para
saber lo que representaba, la recibí y la usé un día que nos vimos. Me comentó que
le gustaba mucho el diseño y que tenía ganas de tener una sudadera igual y unos
días después me mandó la fotografía de la sudadera que se había hecho justo con
el mismo diseño que la que yo había comprado y en el mismo color. Le felicité
por su buen gusto y aunque secretamente creí que tener una sudadera con un
diseño que solamente una fan de Taylor Swift reconocería era una de sus
tácticas para conseguir atención femenina, sin ser abiertamente criticado por
el género masculino al usar mercancía oficial y más evidente de Taylor Swift, no
dije nada y hasta me sentí un poco mal por pensar de esa manera. Yo tenía mucha
ropa de grupos musicales solo por que me gustó el diseño y no estaba tratando
de llamar la atención de nadie.
El diseño que estaba ahora plasmado en nuestras sudaderas
correspondía a la misma canción con la que yo lo recordaba cuando no hablábamos
y se me hizo un poco poético que la persona en quien yo pensaba al escucharla
era la misma que ahora elegía llevar el título de esa canción en su ropa, lo
tomé incluso como un chiste personal y lo guardé con ese nombre en mi lista de
contactos porque pensaba que si habíamos llegado a tal punto en nuestra amistad,
ya no había manera alguna que esa canción pudiera volverse realidad pero me equivoqué.
El tiempo, las múltiples decepciones y el silencio hicieron
lo suyo y las promesas también dejaron de tener sentido alguno. Y el día que escuchando
“Cornelia Street” volví a sentir un hueco en el pecho fue el día que decidí que
no lo iba a hacer más y como la misma canción dice “Empaqué y dejé Cornelia
Street antes de que siquiera notaras que me había ido”.
Pasaron algunos meses de fingir no darle importancia y una
tarde de febrero, buscando algo que combinara con un vestido verde de flores
que quería ponerme, saqué de mi closet la sudadera de Cornelia Street que había
estado evitando por tanto tiempo. Combinaba perfecto. Así que me la puse y al
mirarme al espejo inesperadamente las lágrimas salieron de mis ojos.
Llegué tarde al lugar al que iba por que esa tarde lloré
todo lo que no me había permitido llorar, pero como diría John Green: “El dolor
demanda ser sentido.”
He comenzado a usar la sudadera más seguido, por que no
quiero seguirla relacionando con algo que me causa dolor, quiero relacionarla con
otras experiencias, con nuevas memorias y nuevas amistades, pero posiblemente
siempre será un recordatorio de que todo es temporal. Los buenos momentos pasan
y los malos también lo harán, a su tiempo.
Y aunque Taylor Swift no lo escribió, sé que no siempre
dolerá volver a caminar por Cornelia Street.
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