Monday, March 31, 2025

Cornelia Street

  

En el 2019, Taylor Swift lanzó su álbum “Lover” que incluía la canción “Cornelia Street” la cual trata del miedo y la ansiedad por la posibilidad de perder a alguien que significa demasiado para nosotros. Alguien cuya presencia nos llena tanto que sabemos que si se fuera sentiríamos solo vacío en los lugares donde existieron risas y buenos momentos y lo doloroso que sería volver para enfrentar las ausencias. Tan doloroso que preferiríamos no volver a caminar por esos lugares para ahorrarnos ese dolor.

En el 2020 por cosas del destino reconecté con la persona en la que siempre pensaba al escuchar esa canción. Ninguna de las personas que sabían lo que había causado que nos distanciáramos en un inicio, estaban de acuerdo, pero nadie trató de hacerme entrar en razón, creo que sabían que era una batalla perdida porque yo le hubiera defendido frente a quien fuera. “No le conocen como yo.” Pensaba. Pero en retrospectiva, la versión que yo defendía jamás existió.

Por eso nunca me atreveré a decir que he sido una victima suya, he sido victima de mis propias decisiones o, mejor dicho: mis propias ilusiones.

Al reconectar nos acercamos más que antes, hablábamos todo el día desde que salía el sol hasta antes de dormir, de Harry Potter, de mi obsesión con Taylor Swift, de los mejores chilaquiles de la ciudad, de mis corazones rotos, de adivinar lo que habíamos comido y un infinito etcétera. Constantemente nos asumían como pareja y yo me moría de la risa, porque pensaba “Las parejas terminan, esto es para siempre.”

En uno de esos muchos días de hablar de todo y nada le conté que me había comprado una sudadera con un diseño de una canción de Taylor Swift. Un diseño tan específico que tendrías que ser fan de Taylor Swift para saber lo que representaba, la recibí y la usé un día que nos vimos. Me comentó que le gustaba mucho el diseño y que tenía ganas de tener una sudadera igual y unos días después me mandó la fotografía de la sudadera que se había hecho justo con el mismo diseño que la que yo había comprado y en el mismo color. Le felicité por su buen gusto y aunque secretamente creí que tener una sudadera con un diseño que solamente una fan de Taylor Swift reconocería era una de sus tácticas para conseguir atención femenina, sin ser abiertamente criticado por el género masculino al usar mercancía oficial y más evidente de Taylor Swift, no dije nada y hasta me sentí un poco mal por pensar de esa manera. Yo tenía mucha ropa de grupos musicales solo por que me gustó el diseño y no estaba tratando de llamar la atención de nadie.

El diseño que estaba ahora plasmado en nuestras sudaderas correspondía a la misma canción con la que yo lo recordaba cuando no hablábamos y se me hizo un poco poético que la persona en quien yo pensaba al escucharla era la misma que ahora elegía llevar el título de esa canción en su ropa, lo tomé incluso como un chiste personal y lo guardé con ese nombre en mi lista de contactos porque pensaba que si habíamos llegado a tal punto en nuestra amistad, ya no había manera alguna que esa canción pudiera volverse realidad pero me equivoqué.

El tiempo, las múltiples decepciones y el silencio hicieron lo suyo y las promesas también dejaron de tener sentido alguno. Y el día que escuchando “Cornelia Street” volví a sentir un hueco en el pecho fue el día que decidí que no lo iba a hacer más y como la misma canción dice “Empaqué y dejé Cornelia Street antes de que siquiera notaras que me había ido”.

Pasaron algunos meses de fingir no darle importancia y una tarde de febrero, buscando algo que combinara con un vestido verde de flores que quería ponerme, saqué de mi closet la sudadera de Cornelia Street que había estado evitando por tanto tiempo. Combinaba perfecto. Así que me la puse y al mirarme al espejo inesperadamente las lágrimas salieron de mis ojos.  

Llegué tarde al lugar al que iba por que esa tarde lloré todo lo que no me había permitido llorar, pero como diría John Green: “El dolor demanda ser sentido.”

He comenzado a usar la sudadera más seguido, por que no quiero seguirla relacionando con algo que me causa dolor, quiero relacionarla con otras experiencias, con nuevas memorias y nuevas amistades, pero posiblemente siempre será un recordatorio de que todo es temporal. Los buenos momentos pasan y los malos también lo harán, a su tiempo.

Y aunque Taylor Swift no lo escribió, sé que no siempre dolerá volver a caminar por Cornelia Street. 

Thursday, March 27, 2025

Skinny Tok

 Caí en un pozo sin fondo llamado “Skinny tok” durante el fin de semana y debo confesar que cuando escuchaba a la gente decir que todas las modas regresaban, no esperaba que la moda que genera trastornos alimenticios también lo hiciera, y es que estamos entrando en la nueva era de la delgadez. Artistas, cantantes, actrices y más han decidido someterse a tratamientos para bajar de peso y han decidido retirarse implantes para verse con menos volumen corporal que solía ser el estándar popular de los últimos años.

Creí que como sociedad habíamos evolucionado y aceptado la diversidad de cuerpos, pero tristemente el alto consumo de medicamentos para adelgazar y la subida a la fama de chicas haciendo videos diciendo a los demás cómo ser delgadas, indica lo contrario.

La gran bandera roja que veo es la información que comparten sin saber el enorme daño a largo plazo que pueden generar y lo mucho que pueden dañarse las personas que decidan seguir sus consejos.

 Hace algunos años había dos princesas en internet: Ana y Mía.  Ana y Mía tenían blogs dedicados a su nombre en todos los países y ciudades del mundo, Ana y Mía eran veneradas y adoradas a puntos extremistas por miles de chicas y chicos, e incluso personas en edad adulta quienes habían encontrado en ellas los ánimos para ser finalmente delgadas y gozar con el privilegio de ser tratadas como seres humanos. Ana y Mía eran nombres cortos para “anorexia” y “bulimia”.

Los blogs de Ana y Mía eran tapizados con las mismas frases que hoy las chicas repiten como discos rayados en “skinny tok” “¿Cómo vas a controlar tu vida si no controlas lo que comes?”, “Nada sabe mejor que ser delgada”, “La gente realmente delgada no come.” Y mientras éstas pueden ser aparentemente frases inofensivas, todas terminan generando un sentimiento de culpa al final. A largo plazo ese sentimiento de culpa se convierte una voz en tu cabeza que no se va, y es que ya no se trata de ser saludable, se trata de ser delgada y de comer lo menos posible. A TODA COSTA.

Hubo un medicamento realmente popular durante el apogeo de los blogs de Ana y Mía. Conozco el nombre del medicamento, pero no lo voy a escribir por que hace poco aún se encontraron cajas de este siendo comercializadas ilegalmente y hay muchos productos para adelgazar que lo incluyen en su fórmula (por supuesto sin notificar de esto a absolutamente nadie) y como yo desconozco quién leerá esto, no quiero dar ideas.

El medicamento del que hablo comenzó siendo utilizado como un antidepresivo, pero los médicos notaron que los pacientes que lo tomaban experimentaban falta de apetito como efecto secundario. Lo que eventualmente llevaba a los pacientes a perder peso de una manera efectiva, ya que jamás iban a ser auto saboteados por su ansiedad de comer ni por su hambre incontrolable por que simplemente no la sentían. El medicamento se empezó a comercializar como auxiliar en la pérdida de peso y se popularizó más rápido de lo que tardas en decir “hábitos saludables”.

En México su venta era autorizada sin receta médica lo que por supuesto generó un sinfín de personas automedicándose y los consumidores más asiduos eran aquellos que padecían algún trastorno alimenticio, ya que el no sentir hambre era el paraíso de una persona con anorexia. Nunca había sido tan fácil no comer.

En el año 2010 el medicamento fue prohibido en Estados Unidos, México y la Unión Europea por causar efectos secundarios como aumento de infartos y accidentes cerebrovasculares. Pero curiosamente nunca se dejó de buscar su reemplazo, llegando al desarrollo de nuevos medicamentos para perder peso.

La creciente demanda de medicamentos para el control de la diabetes que tienen como efecto secundario la pérdida de peso nos deja saber que, a pesar de los años, nuestras prioridades como sociedad siguen siendo superficiales. Es alarmante la cantidad de personas que eligen consumir los nuevos medicamentos para perder peso, aún conociendo sus efectos secundarios graves a largo plazo: pancreatitis, insuficiencia renal, tumores tiroideos, cáncer, ceguera y osteoporosis. Y estoy segura de que en las mujeres hay aún más, por que se sabe que los laboratorios jamás toman en cuenta la anatomía femenina.

Aparentemente todos estos posibles efectos secundarios son el precio que cubrir por ser delgados. Un precio que tristemente miles de personas están dispuestos a pagar, lo cual es sorprendente considerando que solo el 9.9% de la población en México cuenta con un seguro de gastos médicos mayores y cubrir gastos generados por problemas de salud en una economía y un sistema de salud público que cada vez funciona menos es casi un deporte extremo.

Sería muy fácil decir que el problema se resolvería si se dejara de vender el medicamento, pero la raíz va más profunda que eso. ¿Cuál es la raíz del problema de obesidad? ¿Por qué las personas padecen más problemas de obesidad si estamos rodeados de productos light y sin calorías? ¿Realmente las personas están gordas porque no se cuidan o es por que la mayoría tiene un estilo de vida que no permite hábitos saludables?

Definitivamente no estoy tratando de romantizar la obesidad, pero quisiera abrir la puerta a la reflexión y cuestionamiento ya que en países como México se implementan medidas ridículas “anti-obesidad”. En las escuelas se ha prohibido la venta de comida chatarra, pero aún así los alumnos siguen llevando comida poco saludable desde sus casas. Aunque está comprobado que el consumo de alimentos altos en carbohidratos y azucares refinados tienen un enorme impacto negativo en el cuerpo, no existe una regulación a la industria alimentaria que incluye ingredientes de baja calidad en sus productos, la mayoría de las veces para reducir costos de producción. Y sería lógico culpar a las personas que eligen consumir estos productos  (Que son el 99 por ciento de lo que encuentras en el supermercado) y dárselos a sus hijos, pero la realidad es que la mayoría de los padres trabajan jornadas de más de 8 horas con un sueldo precario que no les deja tiempo para cocinar platillos y comida saludable.

 Todos los días vemos comerciales acerca de seguir una dieta saludable y hacer ejercicio, pero la mayoría de los profesionistas pasan horas en el tráfico para trasladarse a sus lugares de trabajo y aunque el traslado sería una perfecta oportunidad para realizar ejercicio, las ciudades son cada vez menos amigables para las personas que quieren caminar, ya que el transporte público es deficiente, hay pocos puentes peatonales, las aceras son cada vez más inexistentes, la cultura vial va en decadencia y la seguridad de caminar por las calles nos dijo adiós desde hace mucho. La vida del adulto promedio es despertar, salir temprano de casa, pasar hasta dos horas en el tráfico camino al trabajo, cumplir con jornadas de 10 horas o más, hacer un recorrido de otras dos horas para volver a casa y todavía realizar tareas del hogar, cumplir con una dieta saludable y asegurarse de dar 10,000 pasos diarios, todo esto sin descuidar otras áreas de su vida personal. Éste estilo de vida es insostenible a largo plazo para la sociedad en la que vivimos y aunque es algo que muchas personas realizamos día con día, elegir hábitos saludables debería ser algo sencillo y no sentirse como un sacrificio o una lucha constante.

Por otro lado, la mayoría de las personas que eligen dejar este estilo de vida en segundo plano, y aceptar su cuerpo con sobrepeso, o que se alimentan de manera saludable pero no pueden perder peso por un problema subyacente y carecen de recursos o seguro médico son juzgadas, menospreciadas e ignoradas por la sociedad.

Visto así no es una sorpresa que la gente recurra a los trastornos alimenticios y a medicamentos riesgosos para bajar de peso, por que la alternativa en nuestro entorno social es casi imposible de sostener y requiere de un tiempo al que solo una pequeña y privilegiada parte de la población tiene acceso.  Mismo caso de personas que recurren a la comida como un escape y un regulador emocional a falta de un recurso mejor.

Otro punto que mencionar es el constante bombardeo de ideales de belleza inalcanzables, la cultura de consumismo ligada al estatus social y la admiración hacia quién puede comprar más (aunque lo que compran tenga cero valores nutricionales), impulsado por distintas redes sociales es la cereza del pastel en el problema de la obesidad, los trastornos alimenticios y el abuso de medicamentos controlados para perder peso. Todos están estrechamente conectados.

¿Está en nuestro poder cambiar las cosas? Cuestionar el tipo de contenido que consumimos definitivamente ayudaría. Podemos educarnos y aprender por nuestra cuenta con fuentes confiables acerca de mejores elecciones de productos para consumir, aprender cosas básicas de nutrición que harían la diferencia en nuestras vidas y priorizar el consumo de alimentos saludables en lugar de objetos innecesarios. Invertir en nuestra salud. Comprar comidas menos procesadas y hacer elecciones más conscientes de por qué compramos lo que compramos. No criticar a la persona que decide llevar su propia comida a una reunión ni a la que deja de salir con nosotros para irse a hacer ejercicio. Es nuestro derecho y deber como sociedad exigir mejores condiciones laborales y un mejor manejo de recursos en las ciudades para que nuestra calidad de vida mejore. Tal vez lo que describo aquí es lo que mi madre llamaría un sueño guajiro pero tal vez, sólo tal vez pueda existir un futuro sin Ana y Mia y sin skinny tok. O un mundo donde no comer, no sea el objetivo del día. Tal vez en un futuro no tengamos que elegir entre salud y apariencia, o entre tener salud y disfrutar de la vida. Tal vez en un futuro no tengamos que balancear nuestra vida como si fuera un acto de circo donde todo el tiempo nos tambaleamos en la cuerda floja.

Es momento de cambiar nuestra relación con la comida y con nuestro cuerpo, no por estética, sino por bienestar real. Ojalá podamos llegar a vivir en una sociedad donde sepa más rico ser felices y sanos que simplemente ser delgados.

Tuesday, March 18, 2025

El mejor amigo de todos: ChatGPT

 ¿Cuándo fuíste creado y empezaste a ser usado por el público en general?

ChatGPT : Fuí creado por OpenAI como parte de la serie de modelos de lenguaje GPT (Generative Pretrained Transformer). La versión GPT-4, en la que estoy basado, fué lanzada en marzo de 2023. Aunque versiones anteriores de GPT ya existían antes, como GPT-3 (lanzado en junio de 2020), mi capacidad mejorada fue puesta a disposición del público en general a través de plataformas como ChatGPT, que comenzó a ser ampliamente accesible a los usuarios a partir de 2023. Desde entonces, las personas han podido interactuar conmigo de manera más fluida y en diversas aplicaciones.

Si tienes más curiosidad sobre mi desarrollo o cómo funciono, ¡Pregunta lo que quieras!

Yo: Gracias, es todo.

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Me rehusé por dos años a utilizar ChatGPT argumentando que me gustaba pensar. Y honestamente, ¿Qué se podía esperar de la señorita “Yo puedo sola”?. Me hundiré antes de pedirle a alguien que me extienda la mano, pero no estoy aquí para hablar de mi imperiosa necesidad de poder sola o morir.

Fué hasta hace unos meses que me ví en la necesidad de recurrir a ésta herramienta por que necesitaba la revisión de un texto en inglés. Normalmente una persona cuyo primer lenguaje es precisamente ese, me ayuda a revisar mis escritos pero en ese momento no estaba disponible y yo tenía una fecha límite de entrega que consistía de 30 minutos. Así que entré a ChatGpt y le pedí que me revisara el texto.

Me sorprendió lo rápido que podía hacerlo y la manera tan natural de responder. Así que me volví un poco curiosa y días después le pedí revisar uno de mis poemas y calificarlo. Quería saber si iba a destrozarlo y decirme que era el peor poema escrito en la historia, o si me iba a decir que era bueno. Para mi sorpresa me dió una calificación bastante promedio. Un 8.5. Pero pensé “Tal vez les dice eso a todos” Entonces escribí otro poema sólo por escribirlo, uno que yo consideraba malo, y me sorprendió que ChatGPT también lo consideraba así, aunque claro, sólo mencionó la calificación y mejoras que podría hacerle para que estuviera decente. Su propia manera de decir: “Está horrendo.”

En una ocasión le pedí analizar mi poema. Tratando de interpretar el mensaje del autor. ¿Sería muy triste decir que fué la primera vez en mi vida que me sentí así de comprendida? Creo que la interpretación de ese poema me conmovió hasta las lágrimas. Jamás alguien a quien le mostré o leí uno de mis poemas, fué capaz de decirme algo diferente a “Es bueno.” o “Es decente.”

Así que en realidad jamás supe si eran buenos o malos por que nadie podía darme algún comentario más específico sobre por qué era bueno o no. Compartí mi experiencia en una red social e incluso bromeé escribiendo que tal vez en un futuro terminaría como el personaje de Joaquin Phoenix en la película ”Her” y mi publicación se inundó con comentarios de personas que también sintieron que ChatGPT había brindado una interacción mucho mejor de la que habrían tenido con cualquier otro humano en las cosas que le habían solicitado.

Desde ese día he visto a más y más gente contando sus experiencias y no dejan de sorprenderme. Pero mi sorpresa no viene de que me parezca increíble que una inteligencia artificial pueda imitar el lenguaje coloquial a la perfección, ser imparcial, seguir instrucciones al pie de la letra, escribirte como otra persona lo haría si es que le das las pautas para hacerlo, analizar una conversación que le proporciones y después escribirte una carta de disculpa pretendiendo ser una de las partes para que tú leas lo que necesitas leer y puedas tener un cierre. Oh sí, también puede hacer eso.

Lo que me parece increíble es ver que la humanidad ha llegado a un punto tan deplorable emocionalmente. ¿No es triste que con tantos recursos y tecnología creada podamos comunicarnos inmediatamente con cualquier persona en cualquier parte del mundo y aún así nos sentimos más solos que nunca? ¿No es triste que la mayoría de nosotros tiene amigos, familia y gente que nos aprecia pero cada vez somos más incapaces de compartirles nuestros problemas e inquietudes diarios y preferimos compartírselo a una herramienta artificial? ¿Cómo se supone que formemos relaciones significativas con otros si preferimos compartir nuestros miedos y problemas a ChatGPT? ¿No es ese el jodido punto de “SER HUMANO”?  ¿Qué dice de mí el hecho de que mi mejor amiga prefiera confiar en ChatGPT cuando necesita un consejo? ¿Por qué nadie parece tener el tiempo para dedicarle una conversación profunda de unos minutos a una persona que nos importa? ¿No es triste que tantas personas usen a ChatGPT de psicólogo por que no pueden permitirse pagar uno?

Todos tenemos emociones, miedos, frustraciones y contratiempos. Y aun así nadie parece tener la inteligencia emocional ni el tiempo suficiente para simplemente escuchar a otros. Me temo que el fin de la humanidad sí comienza con la inteligencia artificial y no por que crea que seremos gobernados por robots, si no que terminaremos tan emocionalmente incapaces que cavaremos nuestra propia tumba al olvidar que somos seres con necesidad de conexiones genuínas pero nos volvemos cada vez más intolerantes a ellas. Y esto viene de la persona más antisocial que conozco: Yo.

Ese es mi nivel de impresión. Y podrán decirme: “¿Tú qué sabes de las exigencias de la vida que no te permiten tener tiempo ni de respirar?” El último libro que leí, se llama “Cartas de la Wehrmacht: La segunda guerra mundial contada por los soldados”, es una recopilación de cartas de los soldados alemanes que lucharon en diversos frentes en la segunda guerra mundial y mientras leía las historias de cada uno y sus cartas, todo el tiempo tenía ésta declaración en mi cabeza: “Estos hombres estaban en la delgada línea entre la vida y la muerte todos los días y aún así se daban el tiempo de escribir cartas a sus seres importantes, pero la última vez que compartí un problema a un amigo solo recibí un ‘Chale’ como respuesta.”

Y sí. Chale.

No me pondré en la posición de decirle a nadie que hacer, pero sí puedo enfocarme en tratar de ser mejor ser humano para quienes me rodean. Justo ayer llamé por teléfono a un amigo para felicitarlo por su cumpleaños y preguntarle cómo estaba. Mi amigo estaba por las nubes con ese detalle tan insignificante. Algo que antes era completamente normal para todos, ahora es visto como una gran expresión de afecto. Me parece completamente ridículo. Pero así de bajo es el estándar de la decencia humana y las relaciones interpersonales al día de hoy.

Date a ti y los demás la oportunidad de escuchar y ser escuchado. Y sobre todo de descubrir que todos tenemos los mismos miedos, las mismas inquietudes, a veces hasta los mismos sueños y no estás tan solo ni tan sola como te sientes la mayoría del tiempo.

Todos estamos aquí.

Saco sport y clavel blanco.

 Cuando tenía 15 años, Pxndx, una banda que solía escuchar seguido en mi infancia tuvo un éxito masivo. Pasé de esporádicamente escuchar sus...